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3a Sinfonía de Wilhelm Peterson-Berger

Esta sinfonía se ganó mi admiración hasta después de varias escuchas.

Wilhelm Peterson-Berger
Mi sinfonía favorita de Wilhelm Peterson-Berger es la 3ª, llamada "Same-Ätnam" ("gente de Laponia", o algo así). Ésta es una sinfonía peculiar, no es una sinfonía de impacto, es prácticamente ambiental, pintando paisajes que el mismísimo Sibelius envidiaría.

Seguramente parte de su sensación de naturaleza, viene del uso de los “yoiks” (especie de melodías-palabra tradicionales que usan habitantes de la región de Laponia, al norte de Suecia). Estos motivos melódicos son llevados a lo largo de la obra con una orquestación delicada, pero cargada de sentimiento. Peterson-Berger lo pretendió y lo logró: lograr una imagen de esa región (Laponia) a través del sonido. Por supuesto que yo no conozco tal lugar, pero el efecto de la música es remarcable.

En el 1er movimiento se nos impone la atmósfera fría pero imponente del lugar y de la sinfonía. Uno queda cautivado desde la entrada del motivo de tres notas que caracteriza este movimiento. Es inevitable recordar al buen Sibelius y sus paisajes. Sin embargo, este paisaje tiene su sabor especial (cantos alegres, momentos tensos, momentos de paz, asombro ante lo vasto de las montañas) que se va entendiendo conforme avanza la sinfonía. El 2º movimiento, al cual le percibo una estructura de scherzo bruckneriano, tiene un mejor poder para imponer un estado de ánimo. Se presentan temas dramáticos y otros festivos intercalados por un momento donde un motivo melódico (probablemente un yoik) se repite casi hipnóticamente, provocando cierta sensación de melancolía… el efecto logrado es magnífico (probablemente es el tema que más recuerda uno después de oír la sinfonía por primera vez).

El 3er movimiento (tranquillo) es el más cargado de sentimiento de todos, donde las cuerdas se van deslizando en un adagio hiper-romántico que honestamente, me parece uno de los más hermosos en las sinfonías nórdicas. Este movimiento termina con un suave y discreto tema que nos trae de vuelta a un ambiente más natural que representa el tono general de la sinfonía.

El último movimiento es el único que quiere ser recordado por la fuerza de su melodía principal, más pomposa que todas las anteriores y más memorable. Sobre este tema Peterson-Berger nos despide de este paisaje, de esta región, de esta gente y sus cantos únicos. Se recuerdan eventualmente temas de los movimientos anteriores. Luego, ya sumergidos en esa “frialdad” cautivante, la tranquilidad reina en el paisaje y la sinfonía se desvanece en un acorde no resuelto. Esa peculiar sensación de ese acorde que “no concluye” al final, me parece genial. Podría decir que me deja con sensación melancólica o de misterio, tal vez simplemente es como un último pensamiento inconcluso antes de dormir… supongo que cada quien percibirá una emoción diferente (o lo pueden tomar como algo puramente musical).

Pero aquí dejamos el video donde suena esta sinfonía desconocida, espero les cautive tanto como a mí.

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